TRANSCRIPCIÓN DE LAS PALABRAS DE LA JEFA DE GOBIERNO, CLARA BRUGADA EN EL ACTO POR LOS 500 AÑOS DE LA EJECUCIÓN DE CUAUHTÉMOC.
JEFA DE GOBIERNO, CLARA BRUGADA MOLINA (CBM): Buenos días a todas y todos. Buenos días por allá a los jóvenes estudiantes de esta gran ciudad. Doctora Claudia Sheinbam Pardo, presidenta constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Secretaria de Gobernación, licenciada Rosa Icela Rodríguez; secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla Trejo; secretario de la Marina, almirante Raymundo Pedro Morales; senador Gerardo Fernández Noroña, presidente de la mesa directiva del Senado; presidente también, al diputado presidente de la mesa directiva de la Cámara de Diputados. Arqueóloga Patricia Ledesma, historiadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Hoy nos reunimos aquí teniendo en el presidium, además a todos los secretarios, secretarias, gabinete del gobierno de México, y también con la presencia de los pueblos originarios de la Ciudad de México, a quienes les damos la bienvenida en esta gran actividad de homenaje a Cuauhtémoc.
Hoy nos rendimos para rendir el más grande de los homenajes, a uno de nuestros próceres: Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica, defensor y héroe de la resistencia indígena, y símbolo de la identidad mexicana.
Cuauhtémoc fue el tlatoani de la ciudad, que se fundó esta ciudad, en 1325, hace 700 años, y éste es el primer homenaje que hacemos, en este año, que cumple la ciudad de Tenochtitlan, 700 años de haber sido fundada.
En este lugar recordemos donde había grandes lagos, sobresalían pequeños islotes y la tierra era inestable. Los hombres y mujeres provenientes del Aztlán vieron cumplirse la profecía de Huitzilopochtli: fundar una ciudad donde encontraran una águila erguida sobre un tunal, desgarrando una serpiente.
Aquí florecieron y construyeron una de las culturas más grandes y asombrosas del mundo antiguo. Nuestra Ciudad de México, Tenochtitlan, fue el hogar de un pueblo heredero de los saberes milenarios de las civilizaciones que existieron antes de ellos, heredaron el cálculo de las estrellas, la cuenta de los días, el conocimiento preciso de la arquitectura, la construcción, la confección de telas y las plumas, y la agricultura sobre chinampas, que hoy todavía tenemos en el sur de la ciudad, y ahí está el ADN de la Gran Tenochtitlan.
Su civilización fue un ejemplo de osadía y de fuerza, una ciudad que nació entre el agua y la piedra. Una ciudad que ha defendido su memoria y su legado.
Cuauhtémoc, hijo de Ahuízotl, descendiente de los linajes Tenochca y Tlatelolca, luchó de la mano de Cuitláhuac, señor de Iztapalapa, en la batalla de la Noche Victoriosa. Expulsaron a los invasores de Tenochtitlan, y a la muerte de Cuitláhuac, Cuauhtémoc encabezó la defensa de la ciudad y de la nación entera.
Cuauhtémoc guerrero, cuyo nombre proviene de las águilas que descienden, fue el máximo símbolo de la lucha y la resistencia del pueblo mexicano. Nunca claudicó; nunca abrió las puertas de la ciudad a los invasores. Fue leal a la voz de su pueblo, que luchó junto a él por defender el gran nombre de México Tenochtitlan.
Cuauhtémoc asumió el mando de Tenochtitlan en el momento más crítico, cuando la sombra de la conquista se cernía sobre su pueblo. Pero no huyó, no buscó pactos ni treguas; peleó con el honor de los que saben que su lucha era más grande que su vida, y su resistencia no terminó con la caída de la ciudad.
Capturado, torturado y finalmente asesinado lejos de su tierra, Cuauhtémoc nunca cedió, no imploró clemencia, no traicionó su legado. Su muerte no fue el final, sino el inicio de una memoria indomable que sigue viva hasta nuestros días.
En Cuauhtémoc, las y los mexicanos vemos reflejada la historia de resistencia de nuestro pueblo. El espíritu de Cuauhtémoc sigue descendiendo, como un águila sobre nuestra historia. Está en la voz de quienes defienden la identidad; está en la memoria de un pueblo que se niega a olvidar, en cada acto de dignidad y justicia de nuestro pueblo.
Cuauhtémoc está en la defensa de nuestra soberanía. Él nos enseñó que rendirse nunca es una opción. Cuauhtémoc defendió a esta gran ciudad hasta el último aliento.
Cuauhtémoc vive en la resistencia indígena de los pueblos originarios de la Ciudad de México, que luchan por mantener su identidad. Su espíritu nos da fuerza.
Hoy, nuestra ciudad es digna heredera del legado de Cuauhtémoc. Aquí, ante su memoria, su lucha sigue, su legado sigue, su espíritu jamás será vencido.
¡Que viva Cuauhtémoc!
¡Que viva la resistencia de los pueblos indígenas y originarios de México!
¡Que vivan los pueblos originarios de esta gran ciudad!
¡Que viva nuestra presidenta Claudia Sheinbaum!
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